Desmontemos las creencias más comunes sobre intimidad y cáncer, y descubre por qué el deseo y la vida sexual no desaparecen con el diagnóstico, solo cambian de forma.

Cuando llega un diagnóstico de cáncer, la sexualidad suele quedar en último lugar de la lista de prioridades. Pero, tarde o temprano, las preguntas sobre el deseo, la intimidad y el placer regresan. El problema es que alrededor del tema circulan más mitos que información real. Aquí repasamos cinco de los más comunes, según lo explicado por la psicóloga y sexóloga Ana Franco Márquez en el Live: “Pareja, sexualidad y cáncer”

Mito 1: «Si hay cáncer, se terminó la intimidad sexual»

Es, quizás, la creencia más extendida y también la más dañina. La realidad es que un diagnóstico no cierra la puerta a la vida sexual: la transforma. Puede modificarse, ajustarse o vivirse distinto, pero no tiene por qué desaparecer. Pensar que «aquí se acabó todo» solo suma un duelo innecesario a un proceso que ya de por sí es complejo.

Mito 2: Sentir deseo durante el tratamiento es «inapropiado»

Muchas personas se preguntan cómo pueden estar pensando en sexo cuando «hay algo más importante» que atender. Esa culpa termina generando etiquetas como «estoy mal» o «soy rara». Pero el deseo puede coexistir con la enfermedad, con el miedo y con el tratamiento activo. Que exista un diagnóstico de por medio no vuelve inapropiado sentir deseo; simplemente es parte de seguir siendo un ser humano integral.

Mito 3: «Si no hay penetración, no hay vida sexual»

Este mito viene de una cultura centrada casi exclusivamente en el coito. La verdad es que el órgano sexual más grande del cuerpo es la piel, y el más importante está en la mente. Explorar otras zonas y otras formas de intimidad —caricias, cercanía, exploración corporal— no es un sustituto de «la vida sexual real»: es tan válido como cualquier otra forma de erotismo.

Mito 4: «Siempre es seguro tener relaciones durante el tratamiento»

Aquí el mito va en sentido contrario: no toda actividad sexual está libre de riesgo durante ciertos tratamientos oncológicos. Si existe riesgo de infección, sangrado, dolor o se acaba de pasar por una cirugía reciente, la recomendación es consultarlo siempre con el equipo médico tratante antes de retomar la actividad sexual. La seguridad médica la define el equipo oncológico, no la creencia personal de que «todo está bien».

Mito 5: «Si no lubrico, es que no tengo deseo»

Durante ciertos tratamientos (como los inhibidores de aromatasa) es común la sequedad vaginal, y de ahí nace la idea de que la falta de lubricación significa falta de deseo. No es así: son dos cosas distintas. La falta de lubricación es, muchas veces, un efecto físico del tratamiento y puede resolverse con lubricantes o humectantes vaginales recomendados por un ginecólogo, sin que eso diga nada sobre las ganas reales de tener intimidad con la pareja.

En resumen

El cáncer puede tocar el cuerpo, la rutina y el deseo, pero no tiene por qué tener la última palabra sobre la intimidad. La clave, según Ana Franco Márquez, está en la comunicación con la pareja, en buscar acompañamiento psicosexual cuando se necesite, y en aceptar que la sexualidad no siempre se recupera igual: a veces, simplemente, se reinventa.